Capítulo 1 – Intento suicida

Eliot es un joven de 23 años que recientemente se ha convertido al cristianismo. Acude a una iglesia de denominación cristiana evangélica de unos 1000 miembros activos. Es una congregación bastante moderna, tienen los mejores artefactos para producir los mejores efectos audiovisuales. Esto obviamente costeado por los asistentes de la misma mediante ofrendas y diezmos. Es un templo bastante lujoso, con los mejores instrumentos para adoración y con músicos realmente guapos y excepcionales. 

Esta congregación tiene todo lo que hubiera deseado tener una iglesia pobre tercermundista. Tienen tal lujo, pueden contratar a fin de año músicos realmente populares del medio artístico secular que recientemente han profesado su devoción a Jesucristo.  

Sin embargo, su líder es una mujer autodenominada pastora, bastante atractiva.  

Eliot en realidad fue un chico quien creció en el evangelio, tenía padres cristianos que lo obligaron a asistir cuando era más joven. 

Las situaciones de la vida, lo llevaron a establecerse lejos de sus familiares. A vivir en un condominio de tres apartamentos, con unos vecinos bastante peculiares. 

Se había apartado de la iglesia desde que tenía 16 años, a esa edad ya sus padres no le podían obligar ir más.  

Así que estando en el colegio decidió probar las drogas. Comenzó fumando marijuana, después alcohol y consiguiente cocaína.  Nunca se hizo dependiente a ninguno de estos narcóticos, aunque hubo un tiempo de su vida que los consumió frecuentemente cada vez que salía. En realidad, se hizo independiente apenas cumplió los 18 años de edad. Consiguió un trabajo con una buena remuneración. Le gustaba andar en fiestas y en bares. También salir con chicas. Sin embargo, los últimos años había sentido mucha soledad. Pues, aunque vivía en un buen apartamento sus compañeros de cuarto tenían ya sus vidas definidas. Esto hacia que estuvieran viajando continuamente de una manera tal, que no los veía en meses. 

Eliot al estar tan alejado de sus familiares y amigos, no tenía con quien hablar y estar. Muy a menudo se encontraba solo en su apartamento a tal punto que lo asustaba en sí misma la soledad.  

El departamento estaba bien resguardado de los sonidos de la ciudad, por lo cual cuando se levantaba en los días que no tenía que trabajar, el silencio que alguna vez fue conciliador, poco a poco se convertiría en sepulcral. A tal punto que Eliot, se sentía en una aberrante y miserable desolación que sin duda alguna muy pocos humanos podían manejar.  

Así pasaron los días y las noches. La soledad le provocaba depresión, sus compañeros de trabajo rara vez lo invitaban a salir, y cuando lo hacían Eliot simplemente contestaba con un despreocupado y predecible no. Aislándose cada vez mas de encuentros sociales, que le podrían brindar algún tipo de compañía y tal vez alguna charla amena, que lo distrajera de su deprimente realidad y autentica soledad.  

Con el tiempo Eliot no pudo contenerse más, así que un día le valió poco o nada su vida y situación. A este punto era un tipo que estaba siendo continuamente recurrente al licor. Pero ese día en específico quería morir alcoholizado.  

Salió a las 10 de la noche siendo un sábado despejado. Se fue a un lugar en donde pondría su vida en riesgo deliberadamente solo con el hecho de caminar por allí. A esta escena le agregó todo el licor que pudo tomar. 

 Sin embargo, despertó en su departamento, sin recordar absolutamente nada de lo ocurrido la anterior noche y con las rodillas severamente raspadas. Además de su abdomen y parte de su antebrazo derecho. Concluyó que había caído fuertemente en algún lugar, que no recordó y se había lastimado violentamente. Sin embargo, como llegó a su departamento, todavía es un misterio para él. Su intento de morir alcoholizado fue un fracaso. 

Después de esa noche Eliot lloró desesperadamente, en su habitación. Y oró a Jesucristo fervientemente, expuso todos sus sentimientos y abrió su corazón en soledad. Después de haber derramado bastantes lágrimas en las sabanas de su cama. Limpió sus ojos con un abrigo que tenía a la mano. Y decidió buscar una iglesia en la cual congregarse.  

Después de haber orado, las cosas parecían ir cambiando. Decidió ir a una iglesia que se encontraba a 500 metros de su apartamento. 

Aunque se animaba a ir solo, pues nadie lo invitó. Increíblemente ninguna persona allí le hablaba. Era más o menos como estar en un lugar lleno de desconocidos, como un concierto de algún famoso, tal vez en el cine o algún evento masivo, donde no te sientes del todo solo porque hay muchas personas, pero en realidad no conoces a nadie. 

Dada esta situación Eliot comenzó a clamarle a Dios a pedirle a Jesucristo, que le enviara la persona correcta con la cual compartir los cultos Dominicales, quien sabe tal vez, tener una actividad social después de las predicas evangélicas.